Las bienaventuranzas como obra del Espíritu Santo

Las bienaventuranzas como obra del Espíritu Santo

 De acuerdo a las enseñanzas establecidas por Jesucristo en su paso por la tierra, las bienaventuranzas son el camino a la felicidad gracias a que corresponden a una serie de preceptos que insisten en la práctica de valores morales que ayuden a poner lo espiritual por encima de lo terrenal. Por lo anterior, bien vale la pena indagar sobre este género literario perteneciente a la Biblia y así disponer de las bases necesarias para que resulte mucho más sencillo incorporarlas a la vida diaria.

Ciertamente, al pretender dimensionar a las bienaventuranzas como obra del Espíritu Santo, en ningún momento se quiere asegurar que estas equivalgan a dones o regalos, esto debido a que precisan de un trabajo arduo y esmerado para su consecución y apropiación. Se trata más que nada de acudir a esta faceta de Dios para que dicho proceso sea verdaderamente enriquecedor tanto para el creyente como para quienes le rodean.

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El Espíritu Santo, la felicidad y las bienaventuranzas

Fue en el mítico Sermón del Monte donde Jesús ante los discípulos y demás asistentes reveló las que deberían ser las características de los hijos de Dios, es decir de quienes al nacer aceptan el compromiso bautismal y por lo mismo hacen parte de una comunidad regida por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Al ser sinónimos de gozo, prosperidad y bienestar, las bienaventuranzas tal y como se expresa en https://www.lasbienaventuranzas.net están más que dispuestas para dar fe de lo más representativo de las disciplinas de la religión cristiana, siendo de esta manera un medio preciso para apropiarse del ejemplo de Cristo y ser gracias a ello mejores seres humanos, dispuestos a actuar y pensar a partir del amor al prójimo. 

Las bienaventuranzas y la plenitud del hombre

Para ser merecedor de la prosperidad que emana de Dios, es imprescindible un trabajo interno realmente honesto que ayude a que la persona poco a poco aprenda a preocuparse más por la pureza de su corazón que por las riquezas que pueda llegar a acumular.

Cuando se habla de plenitud, todo va más allá de una felicidad pasajera puesto que se trata de trascender hasta el punto tal de ser artífice de un destino guiado exclusivamente por el Padre, lo que es por supuesto la garantía máxima de poder deshacerse de todas aquellas preocupaciones y miedos del quehacer mundano, para ello la iluminación del Espíritu Santo es algo vital pues se estará a prueba infinidad de veces antes de llegar a la meta.